Domingo de Pentecostés

Fuego.

Ardiente, veloz; envuelve.
Infunde calor de vida en el hielo;
mira el vacío del hombre
si tú le faltas por dentro.

Hierve, quema; atrapa.
Riega la tierra en sequía,
dulce huésped
del alma.

Divina luz; abraza.
Entra hasta el fondo del alma,
llénala de alegría:
es del Señor.

Paz a vosotros.

Padre amoroso del pobre,
tregua en el duro trabajo,
guía al que tuerce
el sendero.

Un ruido del cielo; desconcierta.
Abre la puerta,
manda tu luz
desde el cielo.

Un mismo Espíritu, Señor, Dios
que obra todo en todos;
diversidad de dones,
servicios, funciones.

Maravillas de Dios; sorprende.
Mira el poder del pecado
cuando no envías
tu aliento.

Envía tu Espíritu…

Jesús es el Señor.

¡Dios mío, qué grande eres!

Que le sea agradable mi poema.

Hch 2,1-11; Sal 103,1ab.24ac.29bc-30.31.34; 1Co 12,3b-7.12-13; Secuencia; Jn 20,19-23.

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